
– A mí también me caía bien. Era estupenda. Yo pensé que podría funcionar, pero al final queríamos cosas diferentes. Rachel no estaba hecha para vivir en una granja. Me dijo francamente que no se creía capaz de soportar la soledad y que le daba miedo la oscuridad en el campo. Quería irse a York, donde podía salir por las noches, quedar con sus amigos para tomar copas, ver una película… y yo no podría vivir en la ciudad, así que decidimos separarnos.
– Lo lamento -dijo ella, preguntándose si Rachel habría pensado que una parte del corazón de Bram sería siempre de Melissa. Ninguna mujer querría casarse con un hombre que seguía enamorado de otra.
Por costumbre, Sophie fue al armario donde Molly guardaba una lata de latón que conmemoraba la boda de la reina. Dentro había galletas caseras de chocolate, de coco o de vainilla. Pero cuando quitó la tapa, la lata estaba vacía. Pero claro. Qué tontería, pensó. ¿Cuándo iba a encontrar Bram tiempo para hacer galletas?
Nada podría haber evidenciado mejor que Molly se había ido, y Sophie se mordió el labio inferior mientras volvía a guardar la lata en su sitio.
– Echo de menos a tu madre.
– Lo sé, yo también -Bram se levantó para sacar una caja de galletas de la despensa-. Podríamos ponerlas en la bandeja especial -dijo entonces, bajándola del armario-. No le gustaría nada ver cómo he bajado el listón en esta casa desde que ella no está.
Sophie había hecho esa bandeja para Molly unas navidades, el año que descubrió su pasión por la arcilla. Ella misma había pintado luego una oveja… un tanto deteriorada. Comparada con sus últimos trabajos, la bandeja era de risa, pero a Molly le encantó y había insistido en usarla cada vez que tomaban el té.
Bram puso las galletas en la bandeja y observó a Sophie mientras servía el té en sendas tazas.
– Me ha resultado raro volver a casa esta noche. La luz estaba encendida y oía el pitido de la tetera… era casi como si mi madre estuviera aquí. Es a esta hora cuando de verdad la echo de menos, cuando vuelvo a una casa vacía. Ella siempre estaba aquí… cocinando, oyendo la radio, haciendo té… es como si hubiera salido un momento para darle de comer a las gallinas o a buscar algo en la despensa. Tengo la impresión de que va a volver en cualquier momento.
