
– No es fácil llevar una granja solo -dijo Sophie. suspirando.
– Ahora entiendo por qué mi madre quería que me casara. Y lo he pensado mucho desde que ella murió -admitió Bram-. Mientras mi madre vivía no tenía que enfrentarme con el hecho de haber perdido a Melissa -dijo entonces. Y luego se detuvo, con el ceño fruncido-. ¿Me entiendes?
– ¿Quieres decir que era fácil usar a Melissa como excusa para justificar que no hubieras vuelto a tener una relación seria con nadie?
– Bueno, dicho así suena fatal, ¿no? Pero yo creo que eso es lo que hice. Ninguna de mis novias me hacía sentir lo que sentía con Melissa y supongo que no necesitaba una novia mientras mi madre vivía y todo iba como siempre. Ahora que ha muerto… a veces me siento solo -admitió Bram por fin-. Me siento aquí por las noches y pienso en cómo será mi vida si no me caso… y no me gusta nada. Creo que ha llegado la hora de olvidarme de Melissa. Tengo que dejar de comparar a otras mujeres con ella.
– Eso es más fácil decirlo que hacerlo -señaló Sophie, pensando en Nick.
– Sobre todo cuando vives en el campo y te pasas días enteros sin ver a nadie. No es tan fácil encontrar una chica con la que uno quiera casarse y supongo que se hace más difícil a medida que te haces mayor.
Sophie lo pensó un momento. Por primera vez se le ocurrió que no debía haber muchas oportunidades de conocer gente allí. Había un pub en el pueblo, por supuesto, pero era una comunidad pequeña y apenas llegaban vecinos nuevos. En general, a la gente le gustaba el campo para pasar el fin de semana, pero no para vivir allí todo el tiempo.
Quizá no era fácil para Bram. Una podría pensar que para un hombre soltero, solvente de poco más de treinta años sería fácil encontrar novia, pensó Sophie, recordando las quejas de sus amigas en Londres, según las cuales no quedaba un solo hombre soltero que fuese decente. Pero para Bram, que era decente y honesto, debía ser difícil encontrar a alguien interesante en el pueblo. Aunque algún día sería un buen marido para cualquier mujer.
