– Deberías ir a Londres. Allí se pegarían por ti.

– No valdría de nada si a la chica no le gusta la idea de vivir en un pueblo aislado -sonrió él-. Una chica que odie el frío, el viento y el barro no es para mí. Evidentemente, es ahí donde me he equivocado durante todos estos años. Desde Melissa, todas mis novias han sido chicas de ciudad, de modo que estaba buscando donde no debía. Lo que yo necesito es una chica de campo.

Sophie lo miró con afecto. Sí, una buena chica de campo era exactamente lo que Bram necesitaba. Tenía que haber alguien que quisiera casarse con él. Además de hacerse con un marido bueno y decente, tendría aquella agradable cocina y durante las frías noches de invierno podría cerrar las pesadas cortinas y sentarse con Bram frente a la chimenea, escuchando el crepitar de las brasas.

– Ojalá yo pudiera casarme contigo -suspiró.

Bram dejó su taza sobre la mesa, pensativo. Sólo el reloj de su madre rompía el silencio.

– ¿Y por qué no lo haces?

Sophie sonrió, insegura. Debía estar de broma.

– ¿Por qué no me caso contigo?

– Acabas de decir que te gustaría -le recordó él.

– Sí, pero quería decir… -Sophie estaba tan sorprendida por su repentina seriedad que no podía recordar por qué había dicho eso-. No lo decía en serio.

– ¿Por qué no?

– Pues… es evidente, ¿no? Porque no nos queremos.

– Yo te quiero -dijo Bram, tomando tranquilamente su té.

– Y yo te quiero a ti -se apresuró a decir Sophie-. Pero no… no como uno debe querer a la persona con la que se casa.



21 из 107