
No tenía que adivinar lo que sentiría su madre si le dijeran que estaban comprometidos. Harriet estaría en las nubes. No sólo habría conseguido reunir a todo el mundo, sino que tendría otra boda que organizar para el año siguiente. Sería el mejor regalo de Navidad que Sophie podría hacerle.
Su padre también se alegraría mucho, naturalmente.
Sí, sería más fácil para todo el mundo si dijera que iba a casarse con Bram.
Pero ¿podía casarse con él sólo para hacer feliz a su familia?
Sophie empezó a jugar con su taza.
¿Podría funcionar? ¿Cómo sería estar casada con Bram? Nunca había pensado en él más que como un amigo. ¿Qué tal sería como marido? ¿Y como amante?
Sin pensar, estudió su boca. Era firme, serena. ¿Cómo sería besarlo? Y esas manos grandes, cuadradas… Lo había visto ayudando a traer un corderito al mundo, pasando la mano delicadamente por la cabeza de una vaca, arreglando el motor del tractor. Pero nunca las había sentido sobre su piel. ¿Cómo sería?
Esa idea la hizo sentir incómoda.
– Esto es absurdo -dijo entonces-. No puedo creer que estés hablando en serio de casarnos sólo para evitar que haya silencios incómodos el día de Navidad.
– Yo estaba pensando más bien en evitar silencios incómodos en la vida -contestó Bram.
– No podríamos hacerlo.
– ¿No?
– No -contestó Sophie-. No podríamos. Sé que tendría muchas ventajas, pero… no sé. Tampoco yo quiero vivir sola toda mi vida y acabar amargada, pero no sería justo. Me importas demasiado como para casarme contigo cuando sabes lo que siento por Nick. Tú mereces algo mejor.
– ¿Mejor en qué sentido? -preguntó Bram, sorprendido porque su negativa lo había decepcionado más de lo que esperaba.
Era curioso. Una hora antes la idea de casarse con Sophie jamás se le habría pasado por la cabeza, pero ahora le parecía una de las mejores ideas que había tenido nunca.
