– No estoy celosa de Vicky -replicó Sophie-. La verdad es que me da pena. Encima de que su novio la ha dejado plantada, ahora todo el pueblo intenta casarla con el único hombre disponible en Askerby. Por favor, sólo estaban tomando una cerveza en el pub… Bram es la clase de persona que te invita a una cerveza si estás triste. ¡Pero eso no significa que esté interesado en Vicky y mucho menos que piense casarse con ella!

– Pero a ti no te gustaría que se casaran, ¿verdad? -preguntó Ella.

– No.

– ¿Por qué?

– Porque Vicky no es mujer para Bram.

– Mira, en este momento se me vienen a la cabeza las palabras «perro» y «hortelano» -rió su amiga.

– Bram es mi mejor amigo y yo sé lo que necesita. Y, desde luego, no es Vicky Manning -protestó Sophie.

– Pero a ti tampoco, ¿no?

Sophie se movió, incómoda.

– No debería haberle dicho que vamos a casamos, ¿verdad?

– Pues no, yo creo que no.

– Pero es que Melissa no hacía más que hablar de Vicky y Bram y… era como si todo el pueblo hubiera decidido que tenían que casarse a la fuerza. Bram se merece algo mejor -suspiró Sophie-. En fin, se me ha escapado. No sé por qué lo he dicho.

– Pues entonces será mejor que llames a Melissa y le digas que no es verdad.

– No puedo. Estaba tan emocionada… En cuanto le he dicho que iba a casarme con Bram, me ha confesado que ahora puede ser feliz de verdad. Y luego ha dicho que Bram y yo somos perfectos el uno para el otro… En fin, pensé que no iba a colgar nunca.

Sophie hizo una mueca al recordar la alegría de su hermana.

– Pero no es verdad -le recordó Ella.

– Si le digo que es mentira, querrá saber por qué se me ha ocurrido contarle eso y… ¿qué excusa puedo inventar? Diga lo que diga, pensará que sigo enamorada de Nick, y entonces se disgustará más… No, de verdad, no puedo pasar por eso esta noche.



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