– Eso es -Sophie imitó la voz de su madre: «Hace tanto tiempo que no estamos todos juntos. Ya no te vemos nunca. A tu padre le haría tanta ilusión». Sus expresivos ojos verdes se oscurecieron-. Según ella, mi padre no se encuentra bien últimamente. Él me ha dicho que estaba perfectamente, pero ya sabes cómo es mi padre. Diría eso aunque estuviera ahorcado, ahogado y descuartizado. Aunque seguro que mi madre está exagerando por un resfriado o algo parecido. Incluso insinuó que la granja empezaba a ser demasiado para ellos y que estaban pensando en venderla, de modo que éstas podrían ser las últimas navidades que pasáramos en la granja Glebe -Sophie volvió a suspirar, desahogándose-. Pero no lo dijo delante de mi padre, claro. Él siempre ha dicho que saldrá de la granja con los pies por delante.

Así era Joe Beckwith. Bram la entendía. Además, Sophie siempre había sentido un cariño especial por su padre.

– Ya veo -murmuró.

– Me siento fatal por dudar -le confesó ella entonces-. MÍ padre no es precisamente un sentimental y nunca le han importado demasiado los cumpleaños y esas cosas, pero creo que esta vez es diferente. Tengo que estar allí.

Bram se quedó pensativo un momento.

– ¿Podrías venir para su cumpleaños y luego marcharte? De ese modo sólo tendrías que ver a Melissa y a Nick durante una noche.

– ¡Se lo dije a mi madre y ahí fue donde empezó con el chantaje! Dice que si voy a salir corriendo, cancelará la fiesta de cumpleaños. Según ella, no es mucho pedir que pasemos juntos el cumpleaños de mi padre y lo que podrían ser nuestras últimas navidades en la granja. ¿Cómo voy a disfrutar de las fiestas sabiendo que he sido una egoísta y que le he hecho daño a mis padres? En fin, te puedes imaginar el lío que tengo en la cabeza.

Bram podía, desde luego. Conocía a Harriet Beckwith de toda la vida y si había decidido reunir a toda la familia por Navidad, toda la familia se reuniría por Navidad. La pobre Sophie no tenía nada que hacer.



5 из 107