– ¿Y tan horrible sería? -le preguntó.

– No, no, probablemente no. Seguramente estoy exagerando, como siempre. Pero es que…

– No quieres ver a Nick -terminó Bram la frase por ella.

Sophie asintió, mordiéndose los labios.

– Debería haberlo olvidado. Eso es lo que dice todo el mundo. Es hora de seguir adelante, de olvidarme de Nick de una vez por todas.

– Hace falta tiempo -le aseguró Bram-. Tu prometido te dejó por tu hermana. Eso no es algo que uno pueda olvidar fácilmente.

Desde luego, él nunca olvidaría su cara cuando le habló de Nick por primera vez. Loca de felicidad, Sophie estaba demasiado emocionada como para quedarse quieta.

Levantando los brazos al cielo, empezó a dar vueltas, riendo, irradiando alegría…

– ¡Soy tan feliz! -gritaba, como una niña. Y Bram había mirado a su amiga de la infancia, a la Sophie que se subía a los árboles y jugaba como un chico, a la Sophie de pelo rizado y barbilla obstinada, y vio la transformación.

Durante años apenas había pensado mucho en ella. Era sencillamente Sophie, una parte de su vida. La había echado de menos cuando se marchó a la universidad, pero tenía otras cosas para distraerse. Cada vez que volvía a casa le contaba todo lo que hacía y siempre era la misma chica atrevida y turbulenta, Sophie, su amiga. Divertida, caótica, simpática… la clase de chica con la que uno podía hablar y reírse, pero no la clase de chica con la que uno se acuesta. No la clase de chica con la que uno piensa en acostarse.

De modo que para él resultó extraño verla de otra forma, comprobar que era la misma y, sin embargo, otra.

Sophie le contó todo sobre Nick, demasiado emocionada como para darse cuenta de que él empezaba a mirarla de otra forma o para darse cuenta de que Bram, el bueno de Bram, el reflexivo y maduro Bram, estaba completamente desconcertado.

– No sabía lo que era estar en las nubes hasta ahora -le había confesado Sophie-. Ay, Bram, estoy deseando que conozcas a Nick. ¡Es increíble! Es inteligente, divertido, guapo… no sabes lo guapo que es. ¡No puedo creer que me quiera a mí cuando podría estar con quien le diese la gana! -cerrando los ojos, Sophie se abrazó a sí misma-. Tengo que pellizcarme para creer que esto no es un sueño… aunque si lo fuera, no podría soportarlo. ¡Me moriría!



6 из 107