
Así era Sophie, recordó Bram con afecto. Ella no hacía las cosas a medias. Debería haber imaginado que cuando se enamorase lo haría completa, absoluta, apasionadamente. La palabra moderación no estaba en su vocabulario.
– Nick me ha pedido que me case con él. Aún no le he contado nada a mis padres porque seguramente pensarían que esto es muy apresurado… Nos conocemos hace poco tiempo, pero Melissa va a quedarse conmigo en Londres durante unas semanas, así que he pensado ir presentándole a la familia poco a poco. Seguro que Melissa les contará a mis padres que es un hombre maravilloso y así no será una sorpresa cuando lo lleve a casa dentro de un mes.
Pero, al final, no había sido así.
Bram volvía a casa después de un largo y caluroso día de julio cuando vio una solitaria figura caminando por el valle. Deteniendo el tractor, esperó que llegase a su lado. Sabía que era Sophie y sabía, por su forma de caminar, que le ocurría algo.
Sophie no había dicho una palabra mientras se acercaba y Bess corría hacia ella con su habitual entusiasmo, pero cuando levantó la cara su expresión de desamparo hizo que a Bram se le encogiera el corazón.
Sin decir una palabra, se apartó para que ella se sentara a su lado en el tractor y durante un rato se quedaron así, en silencio, mientras el sol iba escondiéndose tras las colinas. Bess jadeaba al lado del tractor, pero aparte de eso todo era silencio.
– Siempre pensé que era demasiado bonito para ser verdad -dijo Sophie después. Y para Bram lo peor fue oír su voz. Siempre había sido tan alegre, tan viva… pero ahora no había en ella emoción alguna, ninguna entonación. Nada que ver con Sophie.
