– ¿Quieres contármelo?

– No debería. Prometí no contárselo a nadie.

– ¿Ni siquiera a tu mejor amigo?

Ella lo miró, sus ojos del color del agua de un río empañados por el sufrimiento.

– Creo que, al menos, tú me entenderías.

– Cuéntamelo. ¿Es Nick?

Sophie asintió con la cabeza.

– Ya no me quiere.

– ¿Qué ha pasado?

– Ha conocido a Melissa. La vio y se enamoró por completo de ella. Yo me di cuenta -empezó a decir Sophie con la voz llena de dolor-. Le vi la cara y supe lo que estaba pasando.

Bram no sabía qué decir.

– Sophie…

– Debería haberlo imaginado. Ya sabes cómo es Melissa.

Bram lo sabía bien, sí. La hermana de Sophie era la chica más guapa que había visto nunca, con una belleza etérea que no pegaba nada en un pueblo de Yorkshire, al contrario que Sophie.

Era difícil creer que fuesen hermanas. Melissa no se parecía nada a Sophie. Era dulce, frágil, una chica de pelo rubio como una especie de halo dorado a su alrededor. Pocos hombres eran inmunes a su atractivo y Bram tampoco lo había sido. A veces pensaba que su breve compromiso diez años atrás no había sido más que un sueño. ¿Cómo podía un hombre tan normal como él haber interesado a un tesoro como Melissa?

Entendía que Nick se hubiese enamorado de ella, pero lo odiaba por haberle hecho daño a Sophie.

– ¿Y qué hiciste?

– ¿Qué podía hacer? No tenía sentido fingir que no pasaba nada. Le he devuelto su anillo de compromiso. Le dije que era absurdo que los tres fuéramos infelices -Sophie sonrió un poco, con una amargura imposible de disimular-. Mi compañera de piso, Ella, dice que debería haber luchado por él, pero ¿cómo voy a competir con Melissa?

– Pero Nick podría haberla olvidado con el tiempo, podría haber sido algo pasajero -sugirió Bram-. A él mismo le había pasado. Cuando estaba a tu lado era imposible mirar a nadie más, pero una vez que se había ido resulta difícil recordar cómo era exactamente o lo que había dicho o lo que uno había sentido… además de quedarse impresionado por su belleza y su dulzura.



8 из 107