– Tenemos que hablar con los del departamento legal para asegurarnos de que examinen la propuesta de Alex.

– ¿Vas a hacerlo? -preguntó Katie con los ojos como platos.

Emma se terminó el martini de un trago.

– Voy a hacerlo.

Capítulo 2

La señora Nash llevaba toda la vida llamándolo Alex, pero desde que dejara el ático para mudarse a la mansión familiar de Long Island, otra de las ideas de Ryan para mejorar su imagen, había comenzado a llamarlo señor Garrison. Cada vez que lo hacía, Alex se daba la vuelta para ver si estaba hablando con su padre en vez de con él. Su progenitor llevaba tres años muerto, pero aún le ponía nervioso la mera mención de su nombre.

– Llámame Alex -le dijo.

– Señor Garrison -insistió la mujer-. Una tal señorita McKinley ha venido a verlo.

Alex bajó un momento el periódico que estaba leyendo.

– ¿Cuál de las dos?

– La señorita Emma McKinley, señor.

– ¿Estás intentando molestarme?

– ¿Qué quiere decir, señor?

– Ya te he dicho que es Alex. Por el amor de Dios, solías cambiarme los pañales y darme azotes…

– Y si me lo permite, le diré que no fue de mucha ayuda.

El se levantó y se acercó a la mujer.

– Estás despedida.

La señora Nash ni siquiera se inmutó.

– No creo.

– ¿Por qué? ¿Porque conoces todos los secretos de esta familia?

– No, porque nunca puede recordar la combinación para abrir la puerta de la bodega.

El se quedó en silencio un segundo.

– En eso tienes razón.

– Gracias, señor.

– Insubordinada -murmuró él al pasar a su lado.

– ¿Se quedará la señorita McKinley a comer?

Eso le hubiera gustado saber a él. Esperaba que aceptara su propuesta. Las vidas de los dos serían mucho más sencillas. No tenía ni idea de qué le iba a decir.



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