– No se lo diría así.

– No hay ninguna manera buena de decírselo. ¡Suena fatal!

– Bueno, entonces, ¿estás tú dispuesta a casarte con él?

Emma no contestó. La camarera se había acercado a servirles la comida.

– Al menos yo no tengo novio -murmuró después de que la camarera se fuera.

Katie se enderezó, había algo de esperanza en sus ojos.

– ¿Lo harás?

– No, no digo que vaya a hacerlo -repuso Emma, intentando aclararse-. No está bien. Me repugna la idea de rendirnos a ese hombre.

– Al menos podríamos mantener la mitad de la empresa…

Era verdad. Soñaba con poder contar con más tiempo o con tener a alguien que pudiera prestarles el dinero, pero no había solución, Y lo peor de todo era que su padre ya no estaba con ellas. Los tres habían sido un gran equipo.

– Emma, vamos a tener que hablar con el departamento legal. Tenemos que declararnos en bancarrota.

Emma suspiró. No, no estaba dispuesta a dejarse vencer, no iban a declararse en bancarrota. No cuando tenían una última oportunidad.

Decidió aceptar la oferta de Alex Garrison. Si no lo hacían, acabarían en la calle y todo el fruto del trabajo de su padre acabaría en nada.

Pensó que si después del acuerdo con Garrison contaban con unos buenos años, a lo mejor podrían intentar volver a comprar su parte de la cadena.

Además, Emma no tenía novio ni pensaba que fuera a tener ninguna relación seria pronto. No conocía a mucha gente, sólo a otros aburridos directores de hotel que no paraban de viajar de un sitio a otro.

Se convenció de que sólo era un matrimonio de conveniencia, un matrimonio sobre el papel y que no iba a reportarle grandes sacrificios. Pensó que se trataría de una boda con un juez de paz, un par de fotos para la prensa y no tendría que verlo mucho después de eso.

Miró a su hermana a los ojos y le dijo lo que había decidido antes de que pudiera cambiar de opinión.



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