– Ella me lo ha contado todo -contestó Emma.

– Entonces ya sabe que puede quedarse con la mitad de la compañía. Y tiene que darme las gracias por permitir que se quede con tanto.

– ¿Se da cuenta de que está comprando una esposa?

– Claro. Y estoy pagando mucho por ella.

Emma se quedó sin palabras.

– ¿Hemos terminado ya? -le preguntó él.

Ella suponía que sí. No sabía cómo salir de aquella. Podía amenazarlo, salir dando un portazo o jurar que nunca conseguiría hacerse con sus hoteles. Pero todo le pareció inútil en ese momento.

El se dio cuenta de que la había dejado sin salida.

– Nadie sufre con este acuerdo -le dijo-. La publicidad nos ayudará a los dos. A la prensa va a encantarle la fusión de dos importantes familias hoteleras. Le pasaremos la historia a mujeres periodistas, van a emocionarse con una historía tan romántica…

Emma se pasó las manos por el pelo.

– ¿Se está oyendo?

– ¿Qué quiere decir? -preguntó él, atónito.

– No le parece que es un plan un poco frío y calculador.

– Ya le he dicho que así nadie sale perdiendo

– ¿Y Katie? ¿Y David?

– ¿Quién es David?

– Su novio. Un joven dulce y cariñoso con el que lleva seis meses saliendo. El se quedaría humillado y con el corazón roto.

Alex se quedó callado. Durante un segundo, a Emma le pareció ver algo humano en sus ojos, pero no duró mucho.

– Ese tal David lo superará. Siempre puede casarse con ella más tarde, cuando ella valga más dinero aún.

Emma abrió la boca, pero no dijo nada.

– ¿Y tú? -le preguntó Alex, tuteándola.

– Estoy bastante disgustada -repuso ella. Aunque eso era obvio.

– No me importa tu estado emocional. ¿Tienes novio?

– No -repuso ella, algo confusa.

– Pues problema resuelto.

– ¿Qué?

– Cásate tú conmigo.

Emma tuvo que agarrarse a la silla que tenía más cerca.

– ¿Qué?

Alex se quedó mirándola como si no acabara de decirle que se casara con él.



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