-Sonrió al recordar cierta dicha secreta-. Se puede pasear por la verde penumbra de un jardín de cipreses o respirar la fresca dulzura de un túnel de jazmines, donde la luz es tenue y casi susurra con el rumor del agua y el arrullo de las palomas cuando se acicalan las plumas con el pico. Hay urnas de alabastro, de cristal ricamente decorado, y puertas bermellones pintadas con arabescos de oro.

Se quedó en silencio un instante para recobrar el aliento.

Mariah se sentía excluida de la magia que Maude había visto, y también de la mesa en torno a la que Joshua y Caroline se embebían de sus palabras. Ella tenía la sensación de que sobraba. Y aunque quería rechazar todo aquello por extranjero y completamente vulgar, en su fuero interno estaba fascinada. Pero naturalmente no lo admitiría jamás.

– ¿Y le permitieron ver todas esas cosas? -dijo Caroline con asombro.

– Viví allí una temporada -respondió Maude con los ojos centelleantes al recordarlo-. Fue una época soberbia; cada semana pasaba algo maravilloso o terrible. ¡Nunca me había sentido viva con tanta intensidad! El mundo es tan hermoso a veces que me da la impresión de no poder soportarlo. Una ve cosas de tal belleza que resulta dolorosa. -Sonrió, pero sus ojos estaban anegados en lágrimas-. El crepúsculo en un jardín persa, el fuego del sol muriendo en las montañas púrpura, ambarinas y rosadas; la llamada de los pequeños búhos en el frescor de la noche; el agua que circunda las piedras antiguas, el perfume del jazmín en el claro de luna, rico como la esencia dulce y relumbrante como las estrellas; la luz de la hoguera reflejada en un tambor de cobre.

Apartó la sopa, demasiado embargada por la emoción para comer.

– Podría seguir así indefinidamente. No consigo ni imaginar qué es el aburrimiento. Sin duda ha de ser peor que morir, como alguna terrible enfermedad que te va corroyendo y no te deja ni la alegría, ni el ansia de vida, ni la liberación de la muerte. Aunque el corazón se te encoja porque sabes que no puedes retener esa luz para siempre, es mejor que no haber visto o amado todo eso.



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