
Mariah estaba enojada consigo misma por estar a punto de llorar. Debía de ser la impresión. Hacerse vieja era de lo más desagradable.
– Gracias -dijo a regañadientes.
Caroline la ayudó a sentarse en una de las butacas y la miró un momento para asegurarse de que no iba a desmayarse. Luego, cuando su suegra le devolvió la mirada, se volvió y salió para ocuparse de los innumerables preparativos que había que poner en marcha.
La vieja dama se quedó allí sentada sin moverse. La doncella le llevó el té, le sirvió una taza y le animó a bebería. Era reconfortante; el calor del té se extendió por su interior, pero no cambió nada. ¿Por qué había muerto Maude? El día anterior gozaba de una salud tan buena que era casi insultante. ¿De qué había muerto? Seguro que de vieja no. Tampoco parecía debilitada ni que le faltaran las fuerzas. Maude era capaz de caminar, y de comer, como un soldado.
Mariah cerró los ojos y volvió a ver a Maude, tumbada inmóvil en la cama. No parecía aterrada ni alterada, ni aparentaba ningún sufrimiento. Pero había una botella vacía en la mesilla de noche. Sin duda, sería el pipermín. La pobre estúpida habría sufrido una indigestión después de engullir todas las nueces, tal como Mariah le había advertido. ¿Por qué había gente tan estúpida, incapaz de controlarse?
Apuró su té y se levantó. La habitación le dio vueltas durante un instante. Respiró hondo varias veces, luego salió del vestidor y volvió por el pasillo hasta el dormitorio de Maude. No había nadie a la vista. Debían de estar todos ocupados, y Caroline estaría esforzándose en tranquilizar al personal. El servicio siempre se comportaba de manera imprevisible cuando alguien moría. Seguro que al menos una doncella se había desmayado y otra había sufrido un ataque de nervios. ¡Como si no hubiera ya mucho que hacer!
Mariah abrió la puerta de la habitación, entró rápidamente y cerró tras ella; luego echó un vistazo. Sí, tenía toda la razón: había una botella vacía en la mesilla de noche. Se acercó y la cogió. En la etiqueta ponía: «Pipermín», pero para estar segura levantó el corcho y la olió. El olor le llenó la nariz: verde y en botella, pipermín.
