
– ¡Ha sido mucho peor para Maude! -respondió Mariah con agria franqueza.
Tenía la cabeza llena de pensamientos preocupantes, pero no estaba muy segura de cuáles exactamente. No podía compartirlos, sobre todo con Caroline, quien, por lo que ella sabía, nunca había conducido ninguna investigación. Incluso podría querer evitar el escándalo y negarse a planteárselo, ¡y Maude se merecía algo mejor que eso! Tal vez solo recayese en Mariah Ellison, y en nadie más, descubrir la verdad.
Al cabo de unos minutos llegó el médico y lo condujeron a la habitación del piso de arriba.
– Fallo cardíaco -les informó cuando volvió a bajar-. Muy triste. Por lo demás parecía tener una excelente salud.
– ¡Sí! -dijo Mariah enseguida, antes de que nadie pudiera replicar-. Era una viajera que había recorrido todo el mundo, caminaba muchos kilómetros, montaba a caballo e incluso en camello. No nos habló de ninguna dolencia.
– Bueno, a veces llega sin avisar -dijo amablemente el médico.
– ¿Un ataque mortal? -exigió saber la vieja dama-. ¡No parecía haber sufrido ninguna clase de agonía!
– No -reconoció el médico frunciendo ligeramente el ceño-. Creo que lo más probable es que el corazón sencillamente trabajase más despacio y luego se detuviera.
– ¿Qué trabajase más despacio y luego se detuviera? -dijo Mariah con incredulidad.
– ¡Suegra! -le reprochó Caroline.
– Creo que bien ha podido ser una muerte apacible -le dijo el médico a Mariah-. ¿Eso la consuela? ¿La quería mucho?
– ¡Apenas la conocía! -repuso Caroline con acritud.
– ¡Sí! -la contradijo Mariah, con la misma acritud.
– Lo siento mucho -dijo el médico sin dejar de ser amable. Después se volvió hacia Joshua-. Si puedo ayudarle con los arreglos, me complacerá mucho.
– Gracias -aceptó Joshua.
– Tenemos que informar al resto de su familia -dijo Mariah en voz muy alta-. A esa Bedelia no sé qué.
– He estado pensando en cómo podría escribir una carta como esa -reconoció Caroline-, en qué habría que decir para que fuera… «mejor», aunque esa palabra parece absurda. Si simplemente digo que sentimos la inmensa tristeza de informarles, ¿será mejor? -Parecía preocupada, e incluso calificarla de «triste» no habría sido una exageración. La pena de su rostro era sincera.
