
Mariah cerró la puerta del armario y se dejó caer pesadamente en la cama. Hasta el momento todo había salido a las mil maravillas… ¡quizá demasiado! Pero quedaba mucho por hacer. Debía confirmar que Maude había sido asesinada, y en ese caso por quién, y para ser más precisos de qué manera, ¡y su investigación no estaría completa si no averiguaba el móvil! ¿Cómo podría hacer todo aquello antes de que la enviaran educadamente a su casa? ¡Pitt no tenía que resolver sus casos en cuestión de horas! ¡Trabajaba durante días! ¡A veces semanas! Y tenía autoridad para plantear preguntas y exigir respuestas, aunque no por fuerza verdaderas, claro. ¡Ella tendría que ser mucho más lista que él! Tal vez no fuera tan fácil como había supuesto.
Hasta el momento todo iba bien. Y estaba demasiado furiosa para rendirse.
Sin embargo, más tarde, cuando en circunstancias normales habría estado cambiándose para cenar, le sobrecogió la extrañeza de su entorno y todos los acontecimientos que habían ocurrido en los últimos días. La semana anterior a esa misma hora, Mariah estaba en Londres con Emily y Jack, como de costumbre. Luego había sufrido el trastorno de tener que ir a Saint Mary in the Marsh. Apenas había tenido tiempo para asumir todos aquellos cambios cuando llegó Maude Barrington. Casi se había acostumbrado, y entonces Maude murió, ¡sin la menor advertencia previa!
Mariah era la única que sospechaba que la muerte de Maude podía no ser debida a causas naturales, sino tratarse de un crimen, el más espantoso de todos los crímenes, y ninguna otra persona reclamaría que se hiciera justicia. Y allí estaba ella, sentada sola en una casa llena de extraños, convencida de que al menos uno de ellos era un asesino. Además, no tenía ni ropa interior limpia ni un camisón con el que dormir. Se habían ofrecido a prestarle algo, ¡pero todas las mujeres de la familia eran al menos nueve o diez centímetros más altas que ella y bastantes tallas más delgadas! Debía de haber perdido el juicio. ¡Aunque jamás lo reconocería ante Caroline, ni ante nadie! La tenían atada de pies y manos.
