– ¿Qué más? ¿Hay asociaciones, fiestas? ¿La gente organiza veladas musicales o charlas? ¿Organiza… lo que sea?

La chica parecía aturdida.

– No lo sé, señora. Se lo preguntaré a la cocinera. -Y antes de que Mariah pudiera excusarla, se dio media vuelta y salió huyendo.

– ¡Idiota! -murmuró bajito la vieja dama.

¿Dónde demonios estaba Caroline? ¿Cuánto tiempo iba a pasear con aquel viento huracanado? Estaba enamorada de Joshua y se comportaba como una chiquilla. Era ridículo.

No volvieron hasta al cabo de una hora y media, alegres, despeinados por el viento y cargados de noticias sobre toda clase de eventos que parecían provincianos y terriblemente aburridos. Un anciano caballero daría una conferencia sobre mariposas en la sala parroquial. Una dama soltera pretendía relatar sus viajes por una desconocida región de Escocia, o peor que eso, una región que había sido conocida y olvidada, sin duda por numerosas y buenas razones.

– ¿Alguien juega a cartas? -indagó Mariah-. ¿Que no sea al burro o la mona?

– No tengo ni idea -respondió Caroline acercándose al fuego-. Como yo no juego, no lo he preguntado nunca.

– Se requiere inteligencia y concentración -le dijo en tono cáustico su suegra.

– Y mucho tiempo libre -añadió Caroline-. Y nada mejor en que ocuparlo.

– Siempre es mejor que chismorrear sobre los vecinos -replicó Mariah-. ¡O regodearte de las desgracias ajenas!

Caroline la fulminó con la mirada, y le costó no perder los estribos, esfuerzo que no se le escapó a la vieja dama.

– Comeremos a la una -anunció-. Si le apetece dar un paseo, hace un día ventoso pero muy agradable. Y mañana podría llover.

– Claro que podría llover mañana -dijo Mariah con acritud-. En un clima como este, no es un comentario muy perspicaz. ¡Podría llover cualquier día del año!

Caroline no intentó disimular su irritación ni el esfuerzo que le costaba no replicarle. El hecho de que le costase tanto reportaba a la vieja dama una pequeña y perversa satisfacción. ¡Bien! ¡Al menos su nuera aún guardaba cierta apariencia de sentido del deber! ¡Al fin y al cabo, había sido la esposa de Edward Ellison durante la mayor parte de su vida adulta! ¡Le debía algo a Mariah Ellison!



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