
Me había encargado de limpiar la casa de al lado cuando se marcharon los últimos inquilinos. Estaba en perfectas condiciones para mostrarse, me aseguré a mí misma. Me presentaría al nuevo vecino al día siguiente, ya que el sábado libraba.
Conduje por Parson Road y pasé junto a la biblioteca en la que trabajo. Giré a mano izquierda para llegar a la zona de tiendas pequeñas y gasolineras donde se encontraba el Centro de Veteranos de las Guerras Extranjeras. No dejé de ensayar durante todo el camino.
Bien podría haberme dejado las notas en casa.
Capítulo 2
Los miembros de Real Murders nos reuníamos en el Centro de Veteranos a cambio de pagarles una pequeña suma por tal privilegio. El dinero iba a un fondo para la fiesta anual de Navidad del centro, así que todos estábamos contentos con el trato. Por supuesto, el edificio era mucho más grande de lo que un pequeño grupo como nosotros necesitaba, pero nos gustaba la intimidad.
Un oficial del centro solía quedar con uno de los socios media hora antes de la reunión para abrir el edificio. Ese socio era el responsable de dejar las estancias como las habíamos encontrado y de devolver las llaves terminado el evento. Ese año, le tocaba a Mamie Wright, ya que también era la vicepresidenta. Solía disponer las sillas en semicírculo delante del estrado y preparar los refrescos en una mesa. El encargo de llevarlos era rotativo.
Llegué temprano. Llego temprano a casi todas partes.
Ya había dos coches en el aparcamiento, que se encontraba escondido detrás del pequeño edificio y estaba bordeado por un espacio ajardinado de mirtos de crepé, aún grotescamente desnudos a esas alturas de la primavera. Las farolas del aparcamiento se habían encendido automáticamente al anochecer. Aparqué mi Chevette bajo la luz de una de ellas, la más cercana a la puerta trasera. Los aficionados a los asesinatos somos demasiado conscientes de los peligros de este mundo.
