
Matt pensó en aquello y decidió que era lógico, mientras aquello preciosos ojos azules seguían observándolo. Era curioso que nunca hubiera reparado en ellos.
Erin estaba sucia y llena de hollín, pero de repente le pareció la mujer más bella del mundo y pensó que la vida era maravillosa.
Si ella no se hubiera metido a buscarlos, él no habría sido capaz de sacar a los niños. Le había costado un gran esfuerzo llegar hasta allí y no habría podido empujar más a los chicos.
– ¿Y los gemelos?.
Fue solo un susurro amortiguado por la mascarilla, pero Erin le entendió.
– Están muy asustados, pero están bien. Ahora tengo que ir con ellos. Si estás seguro de que estás bien-añadió a Rob.
– Matt es fuerte- contestó Rob. Los chicos de la ambulancia están en camino con una camilla.
¡Eso no!. Él no necesitaba ninguna camilla. Se quitó la mascarilla, tosió un par de veces y finalmente consiguió incorporarse. Rob se acercó, nervioso.
– Me han dicho que te ponga la mascarilla. ¿Te importaría obedecer y no darme problemas?.
– No la necesito- le aseguró Matt, quitándosela.
Pero al hacerlo, tosió y tuvo que ponérsela de nuevo. La mejoría fue inmediata.
Entonces miró a su alrededor y se quedó impresionado.
Había gente pro todas partes y el coche de bomberos estaba aparcado muy cerca. También había un coche de policía con la sirena puesta. La mitad de Bay Beach estaba allí, pensó Matt, volviéndose hacia la casa.
La manguera de Helmut no era suficiente. La casa estaba ardiendo y sería un milagro poder recuperar algo. La habitación de los gemelos era una corteza chamuscada y el resto d ela casa estaba sin tejado y carbonizada. Los bomberos no podían hacer mucho, solo arrojar agua para que se apagara todo bien y evitar nuevos incendios.
Matt se quedó mirando la habitación de los gemelos y sintió un escalofrío. Los gemelos y también él habían estado allí dentro.
