
Matt ayudó a Erin con los niños y ella se lo agradeció.
– ¿Elegiste tú esta alfombra o la eligió…Charlotte?.-dijo, sintiéndose un poco estúpida.
– La eligió mi madre- contestó él.
A Erin le sorprendió la respuesta. Había conocido a la madre de Matt, aunque nunca habían hablado, pro supuesto. La familia de Matt poseía una de las granjas más ricas del distrito. No como Erin. Ella, una de los ocho hijos de una familia buena y cariñosa, pero muy pobre, era para los McKay una don nadie.
Cosa que no le desagradaba, ya que no tenía ninguna intención de introducirse en el mundo de Matt y Charlotte. Ella y sus amigas, y sus respectivos padres, solían fijarse en los trajes de Louise McKay, dándose cuenta de que eran podo prácticos. Solo Louise pensaba que eran perfectos.
– ¿No murió hace cinco años?- Esta alfombra parece nueva.
– Normalmente uso la puerta trasera- explicó Matt. Supongo que mi madre me educó bien, o quizá lo haga porque me da pereza quitarme las botas.
– Entiendo- dijo ella, mirando la alfombra blanca y levantando luego la vista hasta el sofá de cuero, también blanco, que había en el salón vecino. Los niños y yo creo que también usaremos la puerta de atrás.
– Creo que será lo mejor.
La situación era decididamente tensa. Erin estaba en medio del vestíbulo de la mansión de los McKay a solas, aparte de los gemelos, con Matt McKay. La sensación era…¿extraña?.
Pero no tuvo tiempo de analizar lo que sentía. Los niños la necesitaban.
– Enséñame el baño y dónde pueden dormir los gemelos. Necesitan acostarse cuanto antes.
Matt pensó que él también lo necesitaba, pero trató de concentrarse en lo que ella le había pedido. Había dos cuartos de baño. El podía lavarse en uno mientras ella bañaba en el otro a los gemelos. Quizá debería ayudarla, pero antes de nada tenía que ordenar un poco sus ideas.
– Por aquí- dijo, conduciéndolos hacia la parte trasera de la casa.
