El hogar número tres del orfanato de Bay Beach estaba en llamas.

Matt, que iba en su camioneta, con la ventanilla bajada, oyó la alarma de incendios, pero pensó que seguramente no sería nada. El detector que tenía en casa saltaba cada vez que se le quemaba una tostada, cosa que, por otra parte, le sucedía a menudo.

Luego se fijó en que la casa donde parecía haberse disparado la alarma era uno de los hogares el orfanato de Bay Beach y, al ver las llamas, pisó el freno en seco.

Dejó el motor en marcha y echó a correr hacia la casa.

– Sujeta al bebé.

Matt ya conocía de antes a Erin Douglas. Caro que la conocía. Todos en Bay Beach la conocían y él había ido con ella, además, a la escuela.

Pero no eran amigos Erin era tres años más joven que Matt y quizá este seguía teniéndola por la chica mandona y descarada que había conocido en el colegio. Después, ya de mayores, habían coincidido en algún baile, pero ella no era su tipo.

Sin embargo, esos no le impedía apreciarla. Tenía un cuerpo bonito, con una piel clara luminosa, el pelo rubio y unos enormes ojos azules. Siempre había tenido admiradores. Era, definitivamente, una mujer muy atractiva, decidió. Pero también era un poco…bueno, tonta. En el colegio, siempre estaba burlándose de todo y especialmente de él.

Matt gozaba de una buena posición y su familia descendía de la aristocracia. Normalmente eso le daba ventaja con las mujeres, pero con Erin era más bien al contrario.

Por otra parte, ella siempre iba sin arreglar. NO le importaba ir despeinada y su maquillaje era siempre escaso, como si se lo hubiera puesto a toda prisa. Sí, sabía que las chicas que trabajaban en los hogares eran así, ya que tenían muy poco tiempo para sí mismas, pero Erin resultaría una chica muy guapa si se arreglara un poco más.

Siempre llevaba vestidos de brillantes colores, que le llegaban por la pantorrilla. Parecían hechos por ella misma. Se lo había dicho Charlotte y él se daba cuenta de que era verdad.



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