
La última vez que la había visto había sido en una fiesta del colegio de la localidad. Uno de los niños a los que cuidaba le había pintado la cara como si fuera una mariposa; sus ojos azules estaban rodeados por dos enormes y coloridas alas.
Charlotte y él se habían mirado horrorizados. No, definitivamente no era su tipo. No tenía la educación y elegancia de sus amigas. No se parecía a su madre, ni a Charlotte.
Y en ese momento…bueno, no le importaba su aspecto, pero parecía incluso más desarreglada que otras veces. Cuando él llegó al porche, ella salía por la puerta con un niño en brazos. La pequeña no tendría más de cuatro o cinco meses.
– Sujeta al bebé- fue todo lo que le dijo antes de dejarle el niño en brazos y meterse otra vez en la casa.
¿Qué podía hacer con él?, se preguntó, mirando indeciso al bebé. NO podía dejarlo en cualquier sitio, claro; además, en ese momento había cosas más urgentes que hacer que estar sujetando a un niño.
Alguien se asomó a la valla. Era normal, la explosión se habría oído en varios bloques, y Valda Cole normalmente se enteraba de todo lo que pasaba a su alrededor. Matt normalmente evitaba a Valda como si fuera la peste, pero en ese momento, con el bebé en brazos, casi se alegró de verla.
– Sujete al niño y llame a los bomberos- le ordenó, dejándole al bebé antes de que pudiera protestar. Y llame también a la policía y pida que manden una ambulancia. Rápido.
Y entonces se metió en la casa.
Erin había encontrado a Tess y a Michael.
Los niños se habían despertado y fueron tambaleándose hacia la puerta en medi del humo. Erin les agarró de la mano. Con cinco años y muy asustada, Tess salió al pasillo oscuro. Erin, sin soltar a Michael, levantó en brazos a Tess y salió con ellos.
El humo era tan espeso que Erin apenas podía ver nada, y los ojos le picaban mucho.
