– ¡Henry, William!.

No hubo respuesta. Las ranuras e ventilación estaban colocadas encima de las puertas de los dormitorios, y del de Henry y William parecía salir mucho humo. Pero no podía entrar en ese momento, ya que tenía que sacar primero a Tess y a Michael.

Justo entonces se chocó con Matt en el vestíbulo.

En aquella ocasión, Erin sí notó su presencia. Necesitaba ayuda, cualquier tipo de ayuda, y sabía lo suficiente de Mathew Mckay como para saber que podía prestársela.

– Matt, estos dos están bien, pero los gemelos están todavía dentro- empujó a los niños que llevaba de la mano hacia delante y se atragantó con una bocanada de humo. Sácalos.

Matt los sacó a todos fuera. Luego agarró a Erin del brazo, sin decir nada, y la sacó cuando ella intentó entrar de nuevo. En el porche, Erin trató d tomar aire para poder hablar.

El pánico que sentía estaba a punto de bloquearla.

El humo era muy denso, casi impenetrable, y se fijó en las llamas que salían por una de las ventanas. Era, decididamente, la habitación de los gemelos.

– ¡Dios, los gemelos!- exclamó, casi sin voz.

El humo que había tragado hacía que le dolieran los pulmones cada vez que respiraba.

– ¿Cuántos más hay dentro?- le preguntó Matt con voz autoritaria. Dime cuántos son y dónde están.

Erin hizo un gran esfuerzo para poder hablar. No podía haber encontrado mejor ayudante que Matt. Era verdad que era rico y demasiado guapo, y que se movía en círculos a los que ella no pertenecía, pero su capacidad estaba fuera de toda duda.

– solo los gemelos, dos niños de siete años que estaban durmiendo en esa habitación- hizo una pausa para toser y luego señaló la ventana de la que salían las llamas. Por favor, cuida de los niños. Yo iré…

¡Quédate donde estás!.

Helmut Cole se estaban acercando justo entonces con una manguera en la mano, mientras que Valda observaba horrorizada la escena desde su casa, sujetando al niño como si se tratara de algo sucio.



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