
Pero no importaba. Lo que importaba era que el bebé no sufriría ningún daño estando con ella y que Helmut estaba haciendo lo que tenía que hace.
¿Ha llamado a los servicios de urgencias?- le preguntó Matt.
Cuando Valda asintió, Matt se volvió hacia su marido.
– Helmut, ponga la manguera en esa ventana y déjela ahí- luego entró en la casa y se dirigió a la habitación en llamas.
– Por favor, ten cuidado. El humo…-dijo Erin, que estaba a punto de desmayarse.
– Es imposible entrar por la ventana. Esperemos que no esté toda la habitación ardiendo.
La casa estaba totalmente a oscuras, pero aunque hubiera sido de día, Matt tampoco habría visto nada. El humo era tan denso, que no podía respirar.
De repente, se le ocurrió algo. ¡Se le tenía que haber ocurrido fuera!. Se quitó el jersey y se lo puso alrededor de la cabeza. No era mucho, pero algo le protegería.
Tenía que hacerlo rápidamente, hubiera lo que hubiera detrás de la puerta. Si se encontraba con un muro de llamas, no tendría escapatoria…pero tampoco los gemelos.
Con una silenciosa plegaria, tocó el pomo. NO estaba ardiendo, lo que era buena señal. Eso quería decir que las llamas no habían alcanzado la puerta.
Entonces la abrió bruscamente y trató de examinar el interior. Las cortinas de la ventana estaban ardiendo y la cama de al lado también. Fuera, Helmut estaba apuntando con la manguera hacia el interior y Matt recibió un chorro de agua en el rostro.
Cosa que agradeció infinitamente. El agua no apagaba el fuego, pero le ayudaba a mantenerse despierto y le permitía respirar. Así que se mantuvo al alcance del chorro hasta que se le empapó el jersey por completo.
Entonces tomó otra vez aire.
– ¿Dónde estáis, chicos?.
– Aquí…-las voces provenían de la parte de la habitación más alejada de la ventana.
