– ¿Y ahora qué vamos a hacer? -se quejó a voz en grito-. Las reuniones más importantes son pasado mañana. Y para entonces ya estaremos de vuelta en el barco.

Sonreí, satisfecho por su consternación. Cualquier revés que sufriera el SD me iría bien. Me alegré, aunque sólo fuera porque aquello me evitaba tener que inventar una historia que contarle a la Ges tapo. Al fin y al cabo, era difícil que pudiera espiar a dos hombres a los que les habían negado el visado. Se me ocurrió incluso que a la Ges tapo le resultaría lo bastante divertido como para perdonarme que no les diera ninguna información concreta.

– Tal vez Papi podría reunirse con ellos -dijo Hagen.

– ¿Yo? Ni lo sueñes, Hiram -respondí.

– Todavía no entiendo que a ti te hayan concedido el visado y a nosotros no -añadió Eichmann.

– Eso se debe a que colabora con ese maldito judío del doctor Six, sin duda -aclaró Hagen-. Es probable que se lo haya conseguido él.

– Puede ser -dije-. Y también puede ser que a vosotros, chicos, no se os den demasiado bien este tipo de trabajos. Si se os dieran bien es probable que no hubieseis elegido haceros pasar por periodistas de un periódico nazi. Y mucho menos de un periódico que los nazis arrebataron a los judíos. Os habríais hecho pasar por algo demenos nivel, creo yo. -Miré a Eichmann y sonreí-. Por vendedores de petróleo, por ejemplo.

Hagen lo pilló, pero Eichmann seguía demasiado enfadado para darse cuenta de que me estaba metiendo con él.

– Franz Reichert -dijo-. De la Agen cia de Prensa alemana. Puedo llamarlo a Jerusalén. Supongo que sabrá cómo localizar a Fievel Polkes. Sin embargo, no tengo ni idea de cómo vamos a contactar con Haj Amin. -Soltó un suspiro-. ¿Qué vamos a hacer?

Me encogí de hombros.

– ¿Qué estarías haciendo ahora? -pregunté-. ¿Qué harías hoy si hubieras obtenido un visado por treinta dias?



14 из 356