– ¿Y dónde encaja en todo esto Haj Amin? -pregunté-. Él es árabe, ¿no?

– Haj Amin viene a ser la otra cara de la moneda -comentó Eichmann-. Por si nuestra política pro sionista no funcionara. Habíamos planeado encontrarnos con el Alto Comité Árabe y con algunos de sus miembros, en especial con Haj Amin, aquí, en Palestina. Pero parece que los británicos han ordenado la disolución del comité y la detención de sus miembros. Al parecer, hace unos días asesinaron en Nazaret al ayudante del jefe de Policía de Galilea. En estos momentos Haj Amin se esconde en el barrio antiguo de Jerusalén, pero va a tratar de salir para reunirse con nosotros en El Cairo. Así pues, aquí en Jaffa sólo tenemos que preocuparnos por Polkes.

– Recuérdame que jamás juegue a las cartas contigo, Eichmann -comenté-. Y si lo hago, recuérdame que te pida que te quites el abrigo y te remangues.

– Tú dile a Polkes que vaya a El Cairo. Él lo entenderá. Pero por lo que más quieras, no menciones al Gran Muftí.

– ¿El Gran Muftí?

– Haj Amin -aclaró Eichmann-. Es el Gran Muftí de Jerusalén. La más alta autoridad religiosa de Palestina. Los británicos lo designaron en 1921, lo cual lo convierte en el árabe más poderoso del país. Además es el antisemita más fervoroso del mundo, a su lado el Führer siente adoración por los judíos. Haj Amin hallamado a la yihad contra los judíos, y por ese motivo tanto la Ha ganah como el Irgún lo quieren muerto. Y por eso será mejor que Polkes no sepa que planeamos vernos con él. Él sospechará al respecto, por supuesto, pero ése es su problema.

– Espero que no se convierta también en el mío -respondí.

Eichmann y Hagen partieron en barco hacia Alejandría, y al día siguiente Fievel Polkes se presentó en el hotel Jerusalén preguntando por ellos. Polkes era un judío polaco de unos treinta y pocos que fumaba como un carretero.



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