– Eliahu Golomb forma parte del Consejo de Mando de la Ha ganah. Apoya la política radical de su gobierno en lo relativo a los judíos, pues la Ha ganah está convencida de que esa política no hará sino aumentar la fuerza de la población judía de Palestina. Con el tiempo habrá más judíos que árabes, y entonces podremos tomar el país.

La cerveza templada siempre me había puesto enfermo. Y más enfermo aún me ponía bebería directamente de la botella. Me cabrea tener que beber de la botella. Prefiero no beber.

– Que les quede muy claro lo siguiente: no es mi gobierno. Odio a los nazis, y si ustedes tuvieran un poco de sentido común también los odiarían. No son más que un montón de malditos mentirosos, por lo que no se puede confiar en ellos. Ustedes creen en su causa. Me parece bien. Pero en Alemania hay muy poco en lo que merezca la pena creer. Salvo, por ejemplo, en que la cerveza debe servirse siempre fría y con la debida cantidad de espuma.

Polkes tradujo mis palabras y Golomb gritó algo en hebreo. Sin embargo, yo no había terminado con mi diatriba.

– ¿Quieren saber en qué creen los nazis? ¿Las personas como Hagen y Eichmann? Creen que merece la pena engañar por Alemania. Mentir si es necesario. Y ustedes son un par de bobos si piensan lo contrario. En estos momentos esos dos payasos nazis planean encontrarse con su amigo, el Gran Muftí, en El Cairo. Harán un trato con él y después regresarán a Alemania y esperarán a que Hitler decida a por quién va.

El barman llegó con tres cervezas frías en vaso y las dejó sobre la mesa. Polkes sonrió.

– Creo que a Eliahu le ha caído bien -dijo-. Quiere saber qué ha venido a hacer a Palestina. Con Eichmann y Hagen.



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