– En primer lugar, dudo mucho que nuestro amigo judío en verdad creyera que vosotros estabais aquí – respondí-. Así que podríamos llamarlo un acto de buena fe. Y en segundo lugar, mi tarea estuvo terminada antes de lo que yo imaginaba. Decidí que tal vez no volvería a tener ocasión de visitar Egipto, y aquí me tenéis.

– Gracias -dijo Eichmann-. Te agradezco que lo hayas traído hasta aquí. De no haber sido así es probable que no hubiéramos podido reunimos con él.

– Gunther es un espía -dijo Hagen-. ¿Por qué íbamos a creerle?

– Solicitamos un visado para Palestina -prosiguió Eichmann, sin prestar atención a su joven compañero-. Y nos lo volvieron a negar. Mañana volveremos a intentarlo. A ver si encontramos a alguien en el consulado que no deteste a los alemanes.

– Los británicos no detestan a los alemanes -le aclaré-, sino a los nazis. -Guardé silencio. Entonces, dándome cuenta de que aquélla era una buena oportunidad para congraciarme con ellos, añadí-: Pero ¿quién sabe? Tal vez el empleado que os atendió fuera un maldito judío.

– A decir verdad -puntualizó Eichmann-, creo que era escocés.

– Escuchad -dije, con tono de fingida confianza-. Voy a ser sincero con vosotros. No fue vuestro jefe, Franz Six, quien me pidió que os espiara. Fue Gerhard Flesch, del Departamento de Asuntos Judíos de la Ges tapo. Me amenazó con investigar mis orígenes raciales si me negaba. Por supuesto, es una trampa. En mi familia no hay ningún judío. Pero ya sabéis cómo son los de la Ges tapo. Son capaces de hacértelas pasar moradas para demostrar que no eres un condenado judío.

– No se me ocurre nadie que tenga menos pinta de judío que tú, Gunther -dijo Eichmann.

Me encogí de hombros.

– Está empeñado en demostrar que el vuestro es un departamento corrupto -aclaré-. Y claro, eso podría habérselo dicho antes de salir de Alemania. Es decir, podría haberle hablado de Six y de Begelmann. Pero no lo hice.



27 из 356