
»He leído el magnífico libro del Führer. Una traducción. Aun así, creo que puedo enorgullecerme de conocer la mente del Führer, caballeros. Odia a los judíos por causar la derrota de Alemania en 1918. Odia a los judíos porque fue el judío Chaim Weizmann quien inventó el gas tóxico que le afectó durante la guerra, causándole una ceguera temporal. Por su alumbramiento, nosotros damos gracias a Dios. Odia al judío porque fue éste quien propició que Estados Unidos participara en la guerra del bando de los sionistas británicos, contribuyendo así a la derrota de Alemania. Y lo entiendo a la perfección, caballeros, porque yo también odio al judío. Por infinitas razones, pero sobre todo, odio al judío por su persecución de Jesús, que fue el profeta de Dios. Por ese motivo, el musulmán que mata a un judío tiene garantizada la entrada en el cielo y el encuentro con la augusta presencia de Dios Todopoderoso.
»Así pues, mi mensaje para el Führer es el siguiente: los judíos no son sólo los más fieros enemigos de los musulmanes, sino también un elemento de constante corrupción en el mundo. Haberse dado cuenta de ello supone la mayor revelación que el Führer podría haber comunicado al mundo. En mi opinión, de actuar acorde con esa revelación, dejará un extraordinario legado en este mundo. De actuar con decisión, pues ni Alemania ni Europa solucionarán el problema judío exportándolos a Palestina. Deben encontrar otra solución, caballeros. Unasolución que ponga fin a las demás soluciones. Éste es el mensaje que deben comunicar a sus superiores: el único modo de atajar el problema judío es secar la fuente en Europa. Y le hago al Führer la siguiente promesa solemne: le ayudaré a acabar con el Imperio británico si él promete acabar con toda la población judía de Palestina. Todos los judíos, de todo el mundo, deben ser aniquilados.
