– Caballeros, me da la impresión de que serán muy felices juntos. Lo que no acabo de entender es para qué me necesitan. Yo no caso a la gente, investigo a la gente casada.

Six se sonrojó levemente y lanzó a Begelmann una mirada de contrariedad. Tenía poder, aunque no la clase de poder que pudiera intimidar a alguien como yo. Estaba acostumbrado a amenazar a estudiantes y a judíos, pero la tarea de amenazar a un ario adulto parecía ir más allá de sus posibilidades.

– Necesitamos a alguien… a alguien en quien herr Begelmann pueda confiar… para que entregue una carta del banco Wesselmann de aquí, en Berlín, al banco Anglo-Palestino de Jaffa. Queremos que esa persona abra una línea de crédito en ese banco y que alquile una propiedad en Jaffa en la que establecer un salón de ventas de automóviles. Ese alquiler servirá para justificar la importante nueva empresa de herr Begelmann. También necesitamos que nuestro agente transporte algunas de sus pertenencias y las deposite en el banco Anglo- Palestino de Jaffa. Por supuesto, herr Begelmann está dispuesto a desembolsar una sustanciosa cantidad de dinero por tales servicios. Mil libras esterlinas, a pagarse en Jaffa. Naturalmente, el SD se ocupará de los trámites y de obtener toda la documentación necesaria. Usted iría allí en calidad de representante de Motores Begelmann, y de manera extraoficial, se convertiría en agente secreto del SD.

– Mil libras. Eso es mucho dinero -respondí-. Pero ¿qué sucede si la Ges tapo me interroga acerca de todo esto? Es probable que no le gusten las respuestas. ¿Ha considerado esa posibilidad?

– Por supuesto -dijo Six-. ¿Me toma por imbécil?

– Yo no, pero tal vez ellos lo hagan.

– Se da la circunstancia de que voy a enviar a otros dos agentes a Palestina en una misión de investigación que ha sido autorizada desde arriba. Como parte de la investigación, este departamento debe analizar laviabilidad de la emigración forzosa a Palestina.



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