
Su alemán podía carecer de acento, pero el tipo hacía un buen uso de la gramática y el vocabulario.
– No -respondí-. Está vacío. Como ya le he dicho, estamos a punto de cerrar.
– Se lo pregunto porque no deja de hablar en plural. Su suegro está muerto y, según me ha dicho, su mujer está en el hospital. Aun así, sigue refiriéndose a un «nosotros». Como si hubiera aquí alguien más.
– Costumbre de hotelero. Yo y mi impecable sentido de la atención.
El americano se sacó una botella de whisky del bolsillo y la sostuvo en alto para que pudiera ver la etiqueta.
– ¿Sería posible que, movido por ese impecable sentido de la atención, trajera un par de vasos?
– ¿Un par de vasos? Por supuesto. -No tenía ni idea de qué quería aquel tipo. Desde luego, no parecía estar buscando habitación. Y si había gato encerrado, yo todavía no era capaz de olerlo. Además, por la etiqueta, el whisky parecía de calidad-. ¿Y qué me dice de su amigo? ¿No tomará un trago con nosotros?
– ¿El? Oh, no, él no bebe.
Me dirigí a la oficina y regresé con los dos vasos. Antes de que pudiera preguntarle si quería el suyo conagua, el americano ya había llenado ambos vasos hasta arriba. Contempló el whisky a contraluz y, muy despacio, dijo:
– ¿Sabe? Me gustaría recordar de qué me suena su cara.
No le presté demasiada atención. Aquél era un comentario que sólo un americano o un europeo podrían haber hecho. En Alemania, hoy en día, nadie desea recordar nada ni a nadie. El privilegio de la derrota.
– Ya me vendrá a la cabeza -dijo, mientras asentía-. Nunca olvido una cara. Pero bueno, no tiene importancia.
Dio un trago de su vaso y lo dejó a un lado. Yo probé el mío. No me había equivocado. Era bueno, y así se lo dije.
– Verá, resulta que su hotel se ajusta a la perfección a mis necesidades. Como ya le he dicho, necesito dos habitaciones para pasar una o dos noches, depende. Y tengo dinero. Dinero en efectivo. -Sacó un fajo de marcos de su bolsillo trasero, retiró el pasador de plata y dejó sobre la mesa cinco billetes de veinte que fue contando frente a mí. Unas cinco veces el precio de dos habitaciones durante dos noches-. Dinero tímido, no le gustan las preguntas.
