
Eran más de las once cuando Anne comentó que tanto John como Eric habían cumplido los sesenta aquel año y que, ahora, ya no se sentía tan anciana. Era un año mayor y, el año anterior, odió llegar a los sesenta la primera.
– Tendríamos que hacer algo para celebrarlo -dijo Diana mientras tomaban el café y John encendía un puro, ya que a los demás no les importaba.
Era un gusto que Pascale compartía con él y, de vez en cuando, fumaba con él. En los últimos años, fumar puros se había puesto de moda entre las mujeres, pero Pascale lo había hecho siempre, desde que se casaron. Parecía incongruente, a la luz de su delicado aspecto.
– ¿Qué propones para celebrar que ya tenemos sesenta años? -le preguntó Eric a su esposa, con una sonrisa-. ¿Un estiramiento facial para todos? Por lo menos para los hombres; ninguna de vosotras lo necesita -dijo, mirando con admiración a su esposa. Era el único secreto que no habían compartido con sus amigos, el hecho de que, siguiendo su consejo, ella se había retocado los ojos. Incluso había sido él quien le buscó el cirujano-. Creo que John tendría un aire estupendo con algunos retoques.
La verdad es que él tenía unas cuantas arrugas, pero le sentaban bien. Tenía un aire muy masculino, que encajaba perfectamente con su personalidad.
– Mejor una liposucción -dijo Pascale, mirando a su marido a través del humo.
Él encajó el comentario, impertérrito.
– Son esas malditas morcillas que me haces comer -dijo, acusador.
– ¿Y si dejara de hacértelas? -lo desafió ella.
– Te mataría -respondió él sonriendo y pasándole el puro para que diera una calada, lo cual ella hizo con aire de placer.
Pese a todas sus bromas y pullas, John y ella se gustaban de verdad.
– Hablo en serio -insistió Diana. Les quedaba otra media hora hasta la media noche-. Tendríamos que celebrar la mayoría de edad de nuestros hombres. -Solo ella y Pascale estaban todavía a varios años de distancia de ese hito, aunque Diana estuviera más cerca que Pascale y no le entusiasmara ese hecho-. ¿Por qué no hacemos otro viaje juntos?
