
– No le faltes al respeto a mi abuela. Además, tu madre es incluso más imposible que la mía -dijo Pascale, con un aire muy galo y muy ofendida.
– Pero por lo menos, habla inglés.
– Tampoco querríais quedaros en casa de mi madre -comentó Diana y los demás se echaron a reír. Todos habían visto a los padres de Diana varias veces y, aunque el padre era un hombre agradable, Diana no ocultaba que su madre, organizada y dominante en extremo, siempre la sacaba de sus casillas-. En serio, ¿adónde podríamos ir juntos? ¿Qué tal el Caribe? ¿O algún lugar exótico de verdad esta vez? Buenos Aires o Río.
– Todo el mundo dice que Río es peligroso -dijo Anne con aire preocupado-. Mi prima fue el año pasado y le robaron el bolso, el equipaje y el pasaporte. Dijo que nunca volvería allí. ¿Qué os parece México?
– O Japón o China-propuso Robert, empezando a animarse con la idea. Le gustaba viajar con los otros y le tenía una afición especial a Asia-. O Hong Kong. Las chicas podrían ir de compras.
– ¿Qué hay de malo en Francia? -dijo Pascale probando de nuevo y los demás se echaron a reír, mientras John fingía hundirse, desesperado, en su sillón. Iban cada verano-. Hablo en serio. ¿Por qué no alquilamos una casa en el sur de Francia? Aix en Provence o Antibes o Eze o ¿por qué no Saint-Tropez? Es fabuloso.
John se opuso inmediatamente, pero a Diana pareció interesarle el proyecto.
– En realidad, ¿por qué no? Podría ser divertido alquilar una casa y quizá algún conocido de Pascale podría encontrarnos algo bueno. Podríamos pasarlo mejor que viajando por algún país extranjero. Eric y yo hablamos bastante francés como para arreglárnoslas, Anne lo habla muy bien y Robert también. Pascale puede encargarse de la parte más difícil. ¿Qué os parece?
