
Por una vez, John se reservó los comentarios; ya había visto las fotos y, aunque no le gustaba el precio, tenía que admitir que la casa sí que le gustaba. Era una vieja villa, llena de carácter, elegante, bien conservada, con hermosos jardines y deliciosos terrenos. Estaba justo al lado del mar y contaba con un pequeño muelle, con un bonito velero incluido, que sería estupendo para Eric, Robert y Anne, los más marineros del grupo. Las fotografías del interior mostraban una amplia sala llena de muebles rústicos franceses, cinco dormitorios enormes y bien decorados y un comedor lo bastante grande para dar cabida a dos docenas de personas. La cocina estaba impecable, aunque un poco anticuada, pero era acogedora y tenía mucho encanto. Y lo mejor de todo, había una sirvienta y un jardinero, que estaba dispuesto a hacer de chófer. Todos estuvieron de acuerdo en que Pascale tenía razón, parecía la casa perfecta. En realidad se llamaba Coup de Foudre, que significa «flechazo» o «rayo». Estaba disponible para todo el mes de agosto y, lógicamente, debido a lo deseable de la casa, los propietarios querían saber inmediatamente si iban a alquilarla.
– Vaya, tiene un aspecto espléndido, Pascale -dijo Diana encantada, contemplando de nuevo las fotos-. Incluso hay dos habitaciones para huéspedes; si queremos invitar a algún amigo o a alguno de nuestros hijos. Y adoro la idea de la sirvienta. No me importa cocinar, pero detesto tener que limpiar después.
– Exacto -dijo Pascale, entusiasmada al ver que les gustaba-. Es un poco cara -admitió vacilando-, pero dividida entre tres, no está tan mal.
John puso los ojos en blanco al oír la cifra, pero incluso él tenía que admitir que no era un precio desmesurado. Iba a utilizar los puntos de bonificación que tenía para cubrir la tarifa del avión y si las chicas cocinaban la mayoría de veces y no salían cada noche a cenar a restaurantes de moda, casi le parecía razonable.
