
Cuando Rosalie Signorelli Ciardullo se puso a vender maquillaje mineral en polvo directamente desde su coche, ¿adivinad a quién ofreció mamá como modelos ambulantes? Tess (piel seca), yo (grasa) y Jaclyn (sensible). Mamá servía de ejemplo para el grupo de las de 30 a 39 años, sin importar que tuviera 53 en ese momento.
– Todos los grandes artistas comienzan con un lienzo en blanco -anunció Nancy DeNoia, mientras aplicaba la base de maquillaje color Cheerios en mi frente. Y yo estuve a punto de decirle: «Todo el que usa la palabra "artista" probablemente no lo es», pero para qué discutir con la mujer que tiene el poder de convertirte en Cher en su reaparición con los productos que sostiene en la mano.
Permanecí en silencio mientras ella daba golpecitos en mis mejillas con la esponja.
– Estamos disimulando la schnoz -dijo Nancy, y exhaló su aliento con olor a hierbabuena mientras aplicaba pequeños y deliberados golpes al puente de mi nariz. Me sentía igual que con la firme presión de una bolsa de hielo aplicada por la hermana Mary Joseph de la unidad MASH del instituto Santa Agonía, cuando un pelotazo de béisbol me golpeó durante una clase de gimnasia. Para que conste, la hermana Mary J. me dijo que ella nunca había visto salir tanta sangre de la cabeza de una persona en su vida, y ella lo debería de saber, pues le quedaba una cojera de sus tiempos de enfermera en Vietnam.
