
Volví a recorrer el pasillo y bajé por las escaleras hasta el sótano. Una bombilla pelada iluminaba el final de las escaleras. La puerta del cuarto de los suministros tenía un candado. Ton Czarnik, el irascible portero del edificio, no se fiaba de nadie. Sé abrir algunos candados pero ahora no tenía tiempo para uno americano. Un día de estos. Conté hasta diez en italiano y volví a subir las escaleras con menos entusiasmo que antes.
Oí unos pasos a lo lejos y supuse que era mi visita anónima. Cuando llegué arriba, abrí la puerta sigilosamente y lo observé en la tenue luz. Estaba llamando a mi despacho. No podía verlo muy bien pero me pareció que era un hombre bajo y robusto. Tenía aspecto agresivo y cuando vio que nadie contestaba, abrió la puerta sin dudarlo un instante y entró. Recorrí el pasillo y entré tras él.
El neón de metro y medio del Arnie's Steak Joynt despedía destellos rojos y amarillos en la calle y entraban ráfagas de luz en mi despacho. Al abrir la puerta, vi como mi visita se daba la vuelta.
– Estoy buscando a V. I. Warshawski -dijo con voz ronca y segura, la voz de un hombre acostumbrado a salirse con la suya.
– Sí -dije, y fui hacia la mesa para sentarme.
– Sí, ¿qué? -preguntó.
