
·Convirtiéndote en un tirano, en un hombre temido pero nunca amado, y como consecuencia, en un hombre que acabará sus días salo. No te diría esto si no fuera tu amigo.
La expresión de Salvatore se suavizó.
– Lo sé -dijo-. El mejor amigo que puede tener un hombre. Pero no te preocupes. Estoy bien protegido, soy intocable.
– Lo sé. Eso es lo que más me preocupa.
Todo estaba hecho. El funeral había terminado, los trámites estaban en orden y lo único que quedaba era marcharse del hotel y dirigirse al aeropuerto de Miami.
Antes de empezar el viaje, Helena fue al cementerio para llevar las últimas flores a la tumba de su marido.
– Supongo que esto es un adiós -dijo después de colocarlas cuidadosamente-. Vendré a verte otra vez, pero no sé cuándo exactamente. Depende de lo que encuentre cuando llegue a Venecia.
Al oír un paso tras ella, se giró lo suficiente para ver a un grupo de gente pasando a su lado, lentamente, para poder verla mejor. Esbozó una débil sonrisa.
– Vuelve a pasar -le susurró a Antonio-. ¿Recuerdas cómo nos reíamos cuando se me quedaban mirando?
Su belleza siempre había atraído miradas, primero en sus años como modelo y, después de que se retirara, había seguido llamando la atención. Su larga melena era de un cautivador color miel y su figura se había mantenido perfecta, con su metro setenta y siete y su esbelto pero curvilíneo cuerpo.
Su rostro era extraordinario, con unos ojos grandes y unos labios carnosos que llamaban la atención. Esos labios generosos eran su principal belleza ya que hacían que su sonrisa fuera imposible de ignorar y, cuando los apretaba suavemente, parecían estar preparados para besar.
Eso, al menos, era lo que uno de sus admiradores había dicho y Helena, al oírlo, le había dado las gracias y después se había girado para ocultar la risa. Nunca le daba importancia a sus propios logros y eso formaba parte de su encanto. Los fotógrafos que buscaban «voluptuosidad» siempre la habían requerido a ella y pronto se la conoció en el negocio de la moda como «Helena de Troya», algo que la hacía reír todavía más.
