Antonio había disfrutado mucho con todo ello.

– Nos miran y dicen: «¡Qué hombre tan afortunado por haberse ganado el corazón de esa bella mujer!» -había comentado él entusiasmado-. Piensan en los maravillosos momentos que debemos- de pasar en la cama y me envidian.

Y después, había suspirado, ya que esos maravillosos momentos en la cama no habían sido más que una ilusión. Su corazón había estado demasiado débil como para arriesgarse a cometer esfuerzos físicos y en sus dos años juntos nunca habían hecho el amor. Sin embargo, le había provocado un placer inocente ver a todo el mundo especular sobre ellos.

– Voy- a echarte mucho de menos -le dijo ella ahora, frente a su tumba-. Has sido maravilloso conmigo. siempre generoso, dando mucho y tomando poco. Con la mayoría de los hombres sucede justo al contrario. Por primera vez en mi vida, me he sentido amada y protegida y ahora de repente vuelvo a estar sola.

Las -lágrimas se deslizaban por su rostro mientras acariciaba la lápida de mármol.

– ¿Por qué has tenido que morir? Siempre supimos que iba a suceder, pero creíamos que, si teníamos cuidado, podríamos alargar tu vida. Y lo hicimos. Tuviste todos esos meses con los que no contabas y las cosas parecían ir yendo bien, pero entonces, de pronto…

Aún podía verlo, estaba riendo y de pronto se detuvo, su rostro se contrajo y la risa se convirtió en sonidos de asfixia mientras sufría su último ataque al corazón. Así acabó todo.

– Adiós -susurró-. Siempre te llevaré en mi corazón.

Habían estado tan unidos en espíritu que sentía que aún estaba con ella mientras el taxi la llevaba al aeropuerto y montaba en el avión. Durante las largas y oscuras horas en las que cruzó el océano, él volvía a estar allí, recordándole cómo había surgido su extraño matrimonio.



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