
Pero estaba harto de ser el tipo al que todos querían arreglarle la vida sentimental. Era un soltero joven y bien situado y ya era hora de empezar a divertirse otra vez. Sí, su profesión recibía la máxima prioridad en su vida, pero no significaba que debiera ser la única prioridad. Desde luego, no iba a encontrara una mujer que provocaba chispas si vivía como un monje.
Después de que Kimberly rompiera su compromiso, por una cuestión de orgullo, se había obligado a volver al mundo de las citas, pero no lo disfrutaba. Demasiados juegos y decepciones. La entrega a su trabajo no le dejaba mucho tiempo para la vida social, pero ya empezaba a hartarse de estar… bueno, solo. Sin embargo, conocer a alguien que despertara su interés, empezaba a resultar un desafío intimidador.
Y como no empezara a salir en serio en breve tiempo, su madre y Shelley cumplirían la amenaza de recurrir a la guía telefónica de Manhattan para conseguirle a alguien.
Desde luego, parte del motivo que había detrás de los esfuerzos de todo el mundo era la boda inminente de su hermano Mark. No sabía por qué una boda siempre tenía que engendrar otra. En cuanto su hermano anunció que iba a casarse, Shelley y su madre habían lanzado las redes sobre él. Brian, su otro hermano de veintitrés años, ya le había ofrecido un mes de sueldo para que permaneciera soltero con el fin de «quitarme a mamá y a Shelley de encima».
Ya se preocuparía de eso al llegar a Nueva York. Había planeado quedarse en Atlanta hasta el lunes con el fin de conocer a parte del personal de Atlanta… entre ellos a Riley Addison.
Contuvo el gruñido que quiso escapar de su garganta. Esa mujer ni siquiera se había molestado en responder al correo que le había mandado acerca del incremento de presupuesto, lo cual lo irritaba, aunque tampoco representaba una sorpresa, Era bien consciente de que los departamentos de marketing y de contabilidad siempre mantenían enfrentamientos en todas las corporaciones… marketing quería gastar y contabilidad ahorrar. Sin embargo, jamás había conocido a una mujer tan tacaña, por no decir irritante, brusca o autoritaria como Riley Addison.
