
– ¡Sigues enferma! -exclamó-. Has estado exagerando tus actividades, como de costumbre. De nuevo estás resfriada.
– ¡Erith! -Bliss echó a reír y por fin se despidió de su hermana, después de pasar varios minutos tratando de convencerla de que estaba bien.
Sonrió al servirse un vaso de agua mineral. Se quitó los zapatos y se sentó en la cama para tomarlo. La garganta ya no le molestaba. Puso el vaso en la mesita y estiró sus largas piernas. Estaba cansada y la fatiga merecía la pena, pues ese día vio cosas maravillosas. Permaneció en la cama una hora, recobrando la energía, mientras pensaba en otras cosas agradables acerca de Erith y Perú.
Entonces, el teléfono volvió a sonar. Eso la sorprendió, pues hacía cuatro días que estaba en el hotel sin que nadie la llamara ni una sola vez. “Debo estar volviéndome popular”, pensó la chica al descolgar.
– ¿Bueno?
Era de nuevo su hermana. Bliss se quedó atónita cuando Erith le reveló el motivo por el cual la llamaba de nuevo.
Al parecer, Dom debió darse cuenta de que Erith estaba preocupada por Bliss, y cuando Erith confirmó que así era, él se hizo cargo de la situación. De inmediato se puso en contacto con un amigo suyo que estaba en Lima. Bliss se quedó pasmada al escuchar que su hermana le avisaba que un viejo amigo de Dom la llamaría para ayudarla en lo que fuera. De hecho, él podría arreglar su vuelo a Arequipa si así lo deseaba Bliss.
– ¡Erith! -protestó Bliss cuando pudo recuperar el aliento. Ella misma había logrado reservar su vuelo para ir a ver la Tumba Real Mochica… aunque era cierto que el recepcionista del hotel fue muy amable con ella y le dio una serie de indicaciones muy útiles. Sin embargo, su hermana imaginó que las protestas de Bliss eran por otra cosa.
