
– No tienes de qué preocuparte, Bliss -intervino-. Dom no le pediría a cualquiera que se asegurara de que estuvieras bien.
– ¡Ya lo sé! -replicó Bliss. Apreciaba la preocupación de su hermana, mas no le gustaba la idea de que un amigo de Dom se asegurara de que estaba bien-. No me refería a…
– No seas necia, linda -insistió Erith y de pronto Bliss tuvo un remordimiento de conciencia al darse cuenta de que su hermana era feliz y de que ella representaba la única nube en su horizonte.
– Bueno, ¿cómo se llama? -inquirió Bliss-. ¿Acaso tengo que estar todo el día de mañana en el hotel para esperar a que me llame?
– Eres encantadora cuando no eres tan obstinada -comentó Erith con sequedad, pero a Bliss le pareció que estaba mucho más aliviada y feliz ahora que ella había cedido-. Dom lo llama Quin, aunque es probable que él se presente más formalmente como Quintín Quintero. Proviene de una antigua y aristocrática familia peruana -prosiguió hermana como para mostrar que era un hombre muy estimado.
– ¿Vive en Lima? -preguntó Bliss. Quería pedirle el teléfono de Quintero a Erith, y así le prometería que lo llamaría si lo necesitaba. Pero Erith ya le informaba que no vivía en Lima.
– Es un industrial que tiene fábricas allá, pero, como también cree en el apoyo a las industrias locales, tiene una planta de procesamiento de pescado en la región costera donde vive -explicó Erith. Todo estaba muy bien, se dijo Bliss, pero de todos modos tendría que quedarse todo un día esperando a que él se comunicara con ella-. Dom estudió en la universidad con él y le tiene plena confianza -prosiguió Erith con la intención de decirle que Bliss también podía confiar en ese hombre.
– ¿Habla inglés? -preguntó Bliss, resignada al hecho de que si no quería molestar a su enamorada hermana, tendría que acceder.
– Dom me contó que su amigo hizo un año de postgrado en Oxford -contestó Erith y Bliss notó que había cierta calidez en la voz de su hermana cada vez que ésta mencionaba el nombre de su esposo.
