
– Le aseguro, señorita, que no lo estoy -declaró con voz pétrea. Hubo algo en su tono de voz que le advirtió a la joven que ese terreno era muy peligroso.
Y fue una rareza que Bliss insistiera en el asunto, pues solía ser muy respetuosa y considerada con los sentimientos de las demás personas.
– Pero estoy segura de que estuvo a punto de comprometerse y hace muy poco tiempo.
Dios mío, pensó Bliss cuando Quin Quintero la miró como si quisiera asesinarla. Y la dejó azorada cuando se dignó contestarle.
– Por un momento, uno de nosotros creyó que así sería -su tono cortante la desafiaba a seguir haciendo comentarios acerca de ese tema.
– Lo cual significa -a Bliss ya no le importaba que alguien le ordenara cerrar la boca-, que la dama en cuestión se dio cuenta a tiempo de que usted y su encanto no eran en realidad lo que deseaba.
En cuanto pronunció las palabras, Bliss quiso tragárselas. Claro que él era el culpable de ello, debido a su actitud seca y fría, pero ella nunca fue tan desconsiderada con una persona. Estaba a punto de disculparse, mas se alegró de no hacerlo cuando ese hombre replicó:
– El hecho de que Paloma Oreja, la dama en cuestión, como usted la llama, y yo no nos hayamos comprometido además de que ya no tengo intenciones de verla de nuevo, no es un asunto de su incumbencia, señorita.
– Como ya lo noté antes, señor -prosiguió Bliss molesta por el tono de voz de él y por el hecho de tener que estar en un lugar público-, es usted un hombre muy encantador -lo miró con enfado. En ese momento llegó su postre y le dedicó toda su atención.
Su budín estaba bastante bueno y no le tomó mucho tiempo comerlo. Estaba ya por la mitad cuando se dio cuenta de que Quin Quintero debía de estar muy dolido, por haber sido rechazado recientemente por una mujer, así que Bliss sintió la necesidad de pedirle perdón por su falta de sensibilidad hacia él.
