
Lo único que la consoló mientras entraba en su cuarto, fue que no lo dejó albergar la menor ilusión de que estaba interesada en coquetear con él. Claro que habría sido una pérdida de tiempo siquiera intentar lo. Era obvio que él seguía enamorado de esa mujer llamada Paloma Oreja.
Claro que a ella no le importaba ni un comino quién era su amada, pensó Bliss mientras se desvestía y preparaba para acostarse.
Diez minutos después se metió a la cama. Apagó la luz y se acomodó. No le importaba nada. Cumplió con su deber al evitar que su protectora hermana se angustiara por ella, y ahora podía olvidar todo lo relacionado con Quin Quintero y seguir disfrutando de todo lo que Lima tenía que ofrecerle. Él se podía ir al demonio. Con suerte: tal vez no volvería a verlo nunca más.
Capítulo 3
Bliss durmió bien esa noche y al despertar sintió que su energía estaba renovada. Se bañó, se vistió y planeó el itinerario para ese día. Primero el Museo del Oro, luego, el Museo Arqueológico y el Museo Nacional de Historia, que al parecer estaba junto al hotel. Bajó a desayunar temprano, pues era muy madrugadora, y se preguntó si de veras iría a Arequipa como le anunció a Erith. Quería visitar ese lugar antes de volver a Inglaterra, pero había mucho más que deseaba ver y ya había usado casi toda la primera semana de sus vacaciones.
Se sintió relajada pensando que ya no volvería a salir con personas desagradables como Quin Quintero.
Ir a Cuzco era una obligación por ser la capital del imperio Inca. “Debo ir primero a Cuzco?”, se preguntó. Tal vez iría a Cuzco, de allí a la bien conservada ciudad Inca en Machu Picchu, regresaría a Cuzco y de allí volaría a Arequipa.
Al considerar sus felices opciones, se puso de muy buen humor y entró en el restaurante. Sin embargo, su sonrisa desapareció con rapidez. En el comedor, casi solo, y observándola con fijeza, se hallaba Quin Quintero.
