– En absoluto -él sonrió con mucho encanto-. Mi pregunta es impertinente, pero, ¿es el color de su cabello natural?

El día anterior, ella hubiera protestado ante la sugerencia de que ese no podía provenir de un fresco. Sin embargo, esa era la primera vez que lo veía sonreír, y era algo muy impresionante.

Bliss tan sólo asintió y trató de ocultar el hecho de que ese hombre era muy guapo cuando sus ojos se tornaban cálidos, y de que, aparte de sus dientes tan perfectos, cuando su boca se curvaba con buen humor, podría derretir el más duro de los corazones.

– Lo es. Aunque no me pregunte cómo lo obtuve, porque mis padres tenían el cabello negro -por alguna razón volvió a experimentar la ya olvidada sensación de timidez y de querer que ese guapo peruano se fijara en otra cosa-. Erith, mi hermana, tiene el mismo tono, así que no es algo único -se apresuró a aclararle.

Halló un interés monumental en la minuta y la estudió como si saboreara cada platillo, cuando de hecho trataba de recuperar su sangre fría. Era muy raro que Quin Quintero sólo tuviera que sonreír para que ella empezara a tener una serie de ocurrencias muy extrañas.

Para cuando Bliss le informó al camarero que quería sopa y algo llamado lomo salteado, que esperó no fuera algo horrible, decidió que la emoción de ese día la hacía sentirse así. No experimentaba vergüenza por causa de Quin Quintero. En cuanto a pensar que tenía una sonrisa deslumbrante, tal vez su cerebro estaba afectado por vivir en una altura a la que no estaba acostumbrada en su llano país.

Cuando llegó su sopa, no le pareció muy buena y dejó la cuchara a lado, con la esperanza de que el siguiente platillo estuviera mejor.

– Me doy cuenta de que usted es una mujer aventurera y de que prefiere cometer sus propios errores -murmuró de pronto Quin-. Si usted me lo hubiera permitido, habría sido un placer ayudarla a escoger su comida.

– Qué… amable de su parte -lo miró y le pareció que Quin se esforzaba por no echar a reír. Entonces, se dijo que, aunque el lomo salteado fuera la cosa más horrenda que hubiera probado en su vida, lo comería hasta el último bocado.



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