Lo miró y él le devolvió la mirada con una sonrisa. Cuando fue obvio que ella no le contaría más de lo que hizo ese día, Quin comentó con sequedad:

– ¿Nunca se le ocurrió dejar algo para mañana?

De pronto, el rostro de Bliss se iluminó con una hermosa sonrisa. Pensó que odiaba a ese hombre y, sin embargo, él estaba bromeando con ella. Bajó la vista, se dio cuenta de que ya había terminado su budín… y de que ya no odiaba a Quintero en absoluto.

– Mañana, señor -comentó con alegría-, voy a ir a Machu Picchu se levantó, lista para irse a dormir.

– Le tomará todo el día ir y volver, Bliss -comentó él al levantarse también. La chica todavía no se recuperaba de la sorpresa de que él la hubiera llamado por su nombre de pila, cuando el hombre prosiguió-: Si no le parece impertinente mi sugerencia, tal vez disfrute de Machu Picchu si descansa mucho esta noche.

Ese hombre era encantador, se percató Bliss al ver de nuevo su sonrisa devastadora. Lo miró con fijeza y se dijo que, si i le hubiera sugerido algo semejante la noche anterior, se habría irritado mucho. Como ese era el viaje que anheló hacer toda su vida, se dio cuenta de que no quería pelear con él, además de que Quin tenía mucho encanto.

– Me parece una buena idea -sonrió y estaba a punto de irse cuando él le sugirió:

– Quin.

– Quin -repitió Bliss y entonces su corazón empezó a latir con más fuerza. Ella se volvió con rapidez y se marchó del restaurante.

Capítulo 4

Las cosas siempre tienen otro aspecto por la mañana, pensó Bliss cuando se dirigió en taxi a la estación de tren de Cuzco, llevando consigo comida empacada en el restaurante del hotel. La noche anterior, olvido lo difícil que era Quin Quintero y hasta creyó que pasó momentos agradables en su compañía. Hasta lo llamó Quin y pensó que era encantador.



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