
Media hora después, Bliss notó que la vegetación estaba cambiando.
– Hay más árboles aquí -le comentó a Quin.
– Aquí empieza la selva tropical -explicó él y Bliss volvió a prestar atención a la ventana.
Desvió la mirada al otro lado del vagón y se dio cuenta de que el río Urubamba estaba lleno de espuma, debido a que cruzaba un terreno accidentado. Después de chapotear entre las rocas, volvió a fluir y Bliss también se relajó y se dejó absorber de nuevo por lo que la rodeaba.
Le pareció increíble, pues Quin escogió ese preciso momento para iniciar la charla otra vez, como si le leyera la mente y supiera que estaba de humor para charlar.
– Supongo que este no es tu primer viaje al extranjero.
– No lo es, pero nunca había viajado tan lejos -señaló la chica.
– Es evidente que hasta ahora has gozado de todo lo que has visto.
– Tal vez es hora de que sea más mundana -estaba muy a gusto con su personalidad, pero también era consciente de que Quin era muy elegante. Y apostaba a que Paloma Oreja también lo era.
Pensaba que en realidad, no quería parecerse a Paloma Oreja, cuando Quin la sorprendió mucho y la complació al comentarle, mientras observaba su rostro muy poco maquillado:
– Parte de tu encanto, Bliss, es precisamente tu forma de ser.
– ¿De veras? -preguntó con cautela, pues no estaba segura de que no intentaba molestarla al hacer semejante comentario.
– Créemelo -parecía sincero y le ofreció su deslumbrante sonrisa. Bliss de pronto halló algo de gran interés que observó con detenimiento, para así poder desviar la mirada y no seguir viéndolo a él.
A la una y media, Quin se levantó y regresó con un paquete de emparedados y un par de refrescos. Bliss tuvo que sonreír. Tal vez él había olvidado llevar su comida desde el hotel, mas por nada del mundo pensaba morirse de hambre. Ella recibió uno de los refrescos y sacó de su bolsa lo que le habían preparado en el hotel.
