– Todo -rió y lo oyó reír a su vez.

Las ruinas de Machu Picchu estaban situadas en medio de dos picos. El de Machu Picchu, que en quechua, una de las lenguas habladas en Perú significa Montaña Vieja, y el de Huayna Picchu, que significa Montaña Joven. Las ruinas fueron descubiertas por un profesor y senador estadounidense; durante dos horas Bliss caminó, admiró y escaló el descubrimiento del doctor Bingham.

Esas dos horas nunca serían suficientes para admirar las terrazas agrícolas, los templos, las casas, la sección industrial, las fuentes construidas como escalones, todo lo cual se alzaba setecientos metros arriba del valle Urubamba.

Una vez, Bliss tropezó y Quin la atrapó con rapidez del brazo.

– Calma -susurró él y la miró con sus ojos grises y serios. Bliss sentía que estaba un poco sonrojada por el esfuerzo y, como había perdido el aliento en ese instante, no objetó cuando él la hizo descansar unos momentos.

– ¿Es ese el camino por el que subimos en el autobús? -le preguntó ella al mirar el camino lleno de curvas que estaba en un costado de la montaña y que tenía un aspecto muy moderno, comparado con las ruinas que los rodeaban.

– ¿Ya tienes ganas de bajar? -bromeó Quin e indicó que el trayecto de bajada sería mucho más emocionante y aterrador que el de subida.

Con tanto que ver y con turistas dispersos por todas partes, a Bliss no le sorprendió estar sola de pronto con Quin, al llegar a una torre de control.

Estaba admirando el bloque de granito de la torre cuando de pronto fue atacada por una tos súbita que no pudo controlar. Quin la observaba con el mayor de los cuidados.

– ¿Es ese el río… Urubamba? -Bliss trató de desviar la atención de sí misma al señalar la corriente que estaba abajo. Sin embargo, no logró su objetivo, pues tosió mientras le hizo la pregunta a Quin.

– No hables más -indicó él con calma-. Trata de relajarte -la sorprendió al acercarse y ofrecerle el beneficio de apoyarse en su viril pecho.



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