Ya se dirigía al área de los ascensores mientras contemplaba la postal de un tumi de oro y turquesa, el cuchillo ceremonial, cuando de pronto chocó contra alguien.

Con alguien que sabía que Bliss no entendía ninguna de las lenguas habladas en Perú, como se percató ella al escuchar una irritada reclamación:

– ¿Por qué demonios no ve por dónde camina?

En el segundo que tuvo antes de recuperar el equilibrio y alzar la vista, Bliss ya sabía a quién pertenecía esa fría voz. ¡No se equivocó! Se encontró con los ojos grises que relampagueaban de enojo. Claro que no por nada ella era una pelirroja.

– ¿Y por qué demonios no aprende usted a ser más educado? -explotó con furia. Sin importarle si lo tiraba al suelo o no, aunque eso sería algo difícil pues el hombre era muy alto y musculoso como para que alguien tan delgado como ella pudiera tener semejante éxito, Bliss se pasó de largo. Demasiado enojada como para esperar el ascensor, se dirigió a la escalera. Era increíble que, habiéndose encontrado con muchísimas personas amables en Perú, ella tuviera la desgracia constante de toparse con él.

Capítulo 2

Bliss recuperó la tranquilidad al despertar al día siguiente. Había descubierto que había una mina de museos, iglesias antiguas y casas históricas en Lima. Así que madrugó para no perderse de nada.

El cielo estaba muy nublado cuando ella bajó a desayunar, vestida con pantalón y chaqueta de pana blanca. Todavía era muy temprano y no había nadie en el restaurante salvo una persona. Pero, ¿por qué esa única persona tenía que ser él?

El hombre fingió no haberla visto y ella lo imitó. Cuando se sentó, Bliss se sorprendió al percatarse de que lo recordaba todo acerca de él: su cabello corto y oscuro, su mandíbula firme y bien afeitada, su traje de negocios y su camisa blanca inmaculada. Hasta recordó ver su portafolios sobre una silla, junto a él. Entonces, lo desechó de su mente e inmediato y le sonrió al camarero que se acercaba con rapidez.



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