– ¿Y quién es Zargarián? -inquirió Galia con curiosidad-. Yo conozco sólo a Nikodímov, un físico, y, a propósito, bastante eminente. Sin embargo no trabaja en el Instituto del Cerebro sino en el de Nuevos Problemas Físicos.

– ¡Pero si no fue Seriozha quien lo escribió! -exclamó de pronto Olga-. ¡Mira! ¡Mira! A pesar de tener la "ve" el mismo ganchito y la "t" la misma rayita, es una escritura completamente diferente de la de Seriozha.

Me ajusté los anteojos y, después de leer la nota, aseveré:

– Esta escritura se asemeja un poco a la mía. Así escribía cuando era estudiante. Estos papeluchos periodísticos me la dañaron, ya no tengo esa letra.

Repetí en la libreta el apunte: se diferenciaba grandemente del primero.

– Sí, son diferentes. Se nota aun sin expertos grafológicos -afirmó Galia. Y dirigiéndose a Olga preguntó-: ¿Acaso la letra cambia en estado de sonambulismo?

– No sé. Esto es un problema de la psiquiatría. Lo único que sé es que el sonambulismo es un trastorno psíquico violento. No lo puedo explicar de otro modo. Por lo demás a mí no me gusta este asunto.

– Ni a mí tampoco -afirmó Galia, quien leía y releía los dos apuntes de la libreta. En su rostro se reflejaba no sólo el trabajo concentrado de su pensamiento, sino también la inquietud contenida que la atormentaba: su intelecto claro y lógico no quería ceder ante lo inexplicable. Y agregó-: ¡Caramba! No comprendo nada. Si soy incapaz de entenderlo científicamente, ¿por qué no lo logro en base a la lógica? ¡Una persona normal, que de pronto se transforma en sonámbulo!

Los desmayos se comprenden y cualquier doctor encontraría su explicación. Pero el delirio con la multiplicidad de los mundos no es más que una cita de una novela de ficción. ¿Y los ruegos de que lo trajera a mi habitación, a pesar de tener su apartamento propio?



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