
– En absoluto. Ayer, desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche, tuve un completo vacío en mi cabeza. Me desmayé, y no recuerdo ni lo que hablé ni lo que hice. Volví en mí, después de que me condujeron a casa. Quizás todo fue consecuencia de aquella contusión que tuve en aquella ciudad del Danubio. ¿Recuerdas?
Sólo faltaba que Kliónov se hubiese olvidado de ello, tras haber cruzado el Danubio conmigo y con Oleg. A propósito, Sichuk también estaba allí, sólo que se largó prematuramente a la retaguardia, después de haber obtenido el permiso para trabajar en la redacción del periódico del frente; y allí se quedó.
Nuestro silencio, se prolongó por unos segundos; después Kliónov propuso:
– Será mejor que te hagas ver por un profesor. La consulta te la puedo arreglar sin problemas.
– No vale la pena -dije suspirando-. Dime, mejor, en qué trabajan los profesores Zargarián y Nikodímov.
– Ah. ¿Estás esperanzado en hacer un artículo sobre ellos? ¡Puf! No conseguirás nada. Nikodímov responde a tales intentos con el método Challenger. Al reportero de la revista "Ciencia y Vida" lo tiró al tacho de basura.
– No te inquietes por mi futuro y divide tu omnisciencia. ¿Quién es Nikodímov? Por favor, dímelo sin bromear, pues, en verdad, necesito saberlo.
– Es un físico con gran amplitud de intereses. Tiene un trabajo sobre la física de los campos. Se interesaba por los procesos electromagnéticos en medios complejos. Una vez, junto con Jenlichka, expuso la teoría del generador de neutrinos.
– ¿Junto con quién?
– Con Jenlichka, un biofísico checo.
